El fin y el inicio

Es la primera vez que intento algo como esto, la única oportunidad que tuve de escribir una especie de historia fue en el año 2011. Al final no se publicó más que en Facebook, no considero tener el talento suficiente para hacerlo en otra red social.

Hoy es 04 de enero del 2021, exactamente la 01:34 am. Debería estar durmiendo ya, mi mamá se fue a descansar hace un par de horas, pero mi mente no me deja en paz y necesitaba una especie de desahogo. El año pasado (que lejano se siente llamarlo de ese modo) nuestro mundo ha tenido golpes muy fuertes. La salud, economía, política y demás sectores se vieron afectados de forma crítica, digamos que todo ello como consecuencia de las malas decisiones que toma el ser humano. Y es aquí donde quisiera empezar.

Desde pequeña he tenido carácter débil, con ello me refiero a que nunca aprendí a tomar decisiones ni a imponerme cuando era necesario. ¿Por qué menciono esto? Porque mi 2020 definitivamente se vio afectado por permitir tantas cosas sin tener un plan específico para controlarlas, o sentirme emocionalmente preparada para hacerlo. Tengo 22 años, no me considero una persona totalmente madura aún, de hecho la mayor parte de mi vida me la he pasado encerrada en mi mundo, siento que no he vivido como otras personas, por ello no poseo tanta experiencia como ellos al momento de tomar decisiones. 

Las emociones siempre me han dominado y estoy trabajando en ello, por eso esta primera entrada quiero dedicarla a este tema, reflejado en mi vida, específicamente en mi último año.

¿Saben cuál ha sido mi punto débil desde siempre? El amor, el cariño, la confianza, la ilusión. Me encantaría encerrar todos esos sentimientos, características, o como quieran llamarlos, en una sola palabra, pero básicamente siempre he "metido la pata" en esos aspectos.

Este año 3 personas "nuevas" pasaron por mi vida, 2 de las cuales me hicieron mucho daño, cada uno a su manera. Para este contexto vamos a nombrarlos: Armando y Mario (quizá a alguien le parezcan familiares, me gustó mucho Betty, la fea y fue lo único que se me ocurrió en este momento)

Comencemos en orden, en primer lugar, Armando. Este chico tenía 30 años, técnicamente un hombre, en el buen sentido de la palabra. A su edad, una ya considera que ha vivido lo suficiente para distinguir entre lo bueno y lo malo, pero gracias a él aprendí que nada tiene que ver una cosa con la otra.

Armando y yo nos conocimos en el mes de enero, ambos trabajamos en el mismo lugar y empezamos una linda amistad por cosas del destino. Aquí quiero añadir que suelo ser una persona muy amigable, me gusta iniciar conversación con la gente que me rodea, y si sé que será algo seguido con más razón lo hago. Bueno, volviendo al caso, él era un tipo no tan alto, simpático y caballeroso, creo que esa última característica es la que me llamó más la atención. 

Recuerdo claramente que le sorprendía mucho que me acercara, que tuviera confianza con él, incluso en los momentos que podíamos compartir siempre me repetía que no se creía lo que "pasaba". Creo que hasta ese punto ambos éramos conscientes de que había algo entre nosotros: las salidas constantes, los pequeños detalles que él me entregaba (ya le había mencionado que amo esas pequeñas cosas), las risas, esa complicidad y, como sello, el beso que nos dimos aquella vez. 

Todo era una mezcla de relación perfecta. Aquel día en el parque, recuerdo que todo pasó sin planearlo, al menos de parte mía. Habíamos salido a comer un helado después del trabajo, ambos renegando un poco por la carga laboral y todo lo que conlleva. Los minutos que caminábamos juntos a mí se me hacían eternos, pero me encantaba, porque a pesar de la corta distancia hasta nuestro destino, me sentía contenta por la compañía. Luego del helado seguimos caminando hacia un parque, recuerdo que no le gustaba caminar mucho porque el trabajo lo tenía agotado, pero por mí lo hacía. Nos sentamos en una de las bancas a descansar un rato, porque yo era consciente de cómo podría sentirse él, y conversamos por una hora aproximadamente. No me di cuenta de la hora, ya era muy tarde para seguir por ahí, no era un lugar peligroso sino que mi mamá es un poco estricta conmigo y no le gustaba que llegara tarde a casa. Él también notó mi preocupación y nos levantamos para ir al paradero. En ese momento algo pasó, no sé qué, pero estoy segura de que él sintió lo mismo. De pronto un beso sellaba una noche de paseo tan bonita, definitivamente algo que no esperaba que pasara, pero que marcó el inicio de una especie de relación.

Así pasaron las horas, los días, las semanas. Teníamos una conexión linda, diferente diría yo, pero me sentía muy cómoda con él. Hasta aquel día, aquel lunes después de un fin de semana sin comunicación, sin saber nada de él ni de su paradero. 

Nosotros solíamos conversar por teléfono cuando no nos veíamos, y me refiero específicamente a llamadas telefónicas, no a whatsapp. Les confieso que no me gusta comunicarme de ese modo, me siento nerviosa y, en algunas ocasiones, ansiosa porque no sé que decir. En fin, para explicar un poco el contexto, él me dijo, casi cuando nos conocimos, que no tenía celular porque se le malogró, por eso nos comunicábamos con el teléfono que le habían dado en el trabajo (el cual no tenía redes sociales). Sí, ya sé que es algo poco creíble, ya me lo dijeron antes. Lamentablemente confié en él, ya les había comentado en un principio que ello está incluido en mi punto débil.

Habíamos planeado salir a caminar o a comer algo el día viernes de esa semana, era un poco difícil coincidir en horarios a veces, por ello lo pensábamos con anticipación. Recuerdo que el día miércoles o jueves habíamos discutido, justamente por el tema del celular, pero es una historia que no voy a contar porque realmente no tiene relevancia aquí. Al final del día, quedó en llamarme para conversar y coordinar sobre la salida del día siguiente. Yo esperé ansiosa su llamada hasta las 2 de la madrugada y al no recibir ninguna señal de vida decidí irme a dormir, supuse que llegó muy cansado a casa o tuvo algún problema y no quería molestarlo. Mi error definitivamente fue no involucrarme tanto en su entorno, porque si hubiera sido de ese modo no habría pasado nada de lo que voy a contar ahora.

El día viernes esperé a que se comunique conmigo para explicarme que había pasado, a esas alturas ya empezaba a preocuparme su silencio. Pensé lo peor, quizá una noche antes al regresar a casa le había pasado algo, no sabía que hacer. Tenía el número de su mamá, pero no quería llamarla sin que ella sepa algo sobre mí, quizá él no le había comentado ni mi nombre, entonces hubiera sido muy extraño que alguien la llamara preguntando por él. Llegué a pensar que podría molestarse conmigo si hacía eso. Idea descartada, mala decisión. 

Durante todo ese fin de semana no supe nada de él, revisaba mi celular constantemente esperando algún sms o algún indicio de que me iba a llamar, pero nada. Hasta que llego el día lunes. 

Ese día lo vi, me lo crucé en nuestro centro de trabajo, pero no podíamos conversar por el horario de oficina y las funciones que cumplíamos. A las 6 pm, no esperé ni un minuto más y alisté mis cosas para retirarme, necesitaba conversar con él y que me explique que es lo que había pasado. En ese momento sí estaba molesta, ¿y cómo no? si había desaparecido completamente todo un fin de semana. 

Marqué mi salida y corrí a buscarlo. También recuerdo que ese día tenía clases en la universidad, la cual quedaba a un par de cuadras de ahí. tenía al rededor de 30 minutos hasta que inicie mi clase y decidí ir "casualmente" por donde sabía que me lo cruzaría. Entonces lo vi de lejos, me acercaba poco a poco, también con la intención de salir con dirección a mis clases, y pensando que él me detendría para conversar antes. Pasó por mi lado y solo me dijo: Buenas noches, Lady. Esas palabras me rebotaron en el corazón, no le dieron directamente, pero sentí algo que no me gustó. Solo respondí el saludo y seguí de frente. 

De camino a la universidad solté algunas lágrimas, pensé: ¿Hice algo malo? No recuerdo haber llamado a su mamá, quizá haya pensado que lo estaba siguiendo o algo así. Mil hipótesis llegaron a mi mente. Entré a la sede y antes de tomar el ascensor hasta mi piso me arrepentí, decidí regresar a la oficina con la esperanza de que él siguiera por ahí y que me explique la situación.

Obviamente pensé en alguna excusa para volver. Ingresé nuevamente y no lo vi, no hasta el momento de salir. Volvimos a cruzarnos, esta vez sí me detuvo. Me pidió conversar un momento, le dije que no había problema y que podía empezar. Entonces dijo: Lo siento. Automáticamente asentí con la cabeza y y solo atiné a decir: No te preocupes, pero explícame que pasó.

Nunca, y lo digo de ese modo, nunca en mi vida me había sentido como en ese momento. Me confesó que tenía novia, y no, no la tenía desde el último fin de semana que dejó de contestarme, sino de mucho antes que me conociera. Su excusa fue que habían discutido y no se hablaban, por eso se acercó más a mí. Incluso en ese momento tenía el descaro de seguir diciendo que yo le gustaba, que era una chica extraordinaria, que mi forma de ser, pensar y actuar le parecían increíble y que no había nadie que se me compare. En ese momento solo quería desaparecer, me sentí humillada, había creído ciegamente en alguien que me habló bonito desde un inicio y no desconfié para nada de él aun cuando habían motivos suficientes. ¿Lo peor? Sus compañeras sabían, conocían a la chica, me conocían a mí, sabían lo que pasaba entre nosotros también y aún así nunca fueron capaces de advertirme lo que estaba pasando. Quizá alguien dirá que ellas no podrían meterse en una situación que compete netamente a dos personas, pero siendo mujeres esperaba un poco más de apoyo. 

Me puse a llorar, también me caracterizo por ser muy sensible, no sé realmente si eso sea un defecto o una virtud, solo sé que yo no me aprovecharía de alguien así. Pero no todos piensan de ese modo, lamentablemente.

No, no lo golpeé o hice un escándalo, no me nació hacerlo en ese momento, o quizá sí, pero el lugar ameritaba cierta compostura. 

Lo que sigue de esta historia ya se lo pueden imaginar, básicamente busqué apoyo en una amiga cercana que conocía gran parte de lo que les acabo de contar y ella, también impulsada por la rabia, fue a buscarlo. Al final terminó hablando con su jefe y no lo volví a ver en el lugar, una decisión que tuvo que tomar alguien con más carácter, porque sinceramente mi idea era encerrarme en mi mundo y llorar las veces que sean necesarias hasta que se me olvide.

Pero bueno, de esta historia al parecer solo aprendí que una persona no madura de acuerdo a su edad. Sé que debería haber decidido desconfiar en mayor proporción a partir de ese momento, la verdad creí hacerlo. Hasta que lo conocí a él, Mario. 

Esta historia inicia exactamente el 26 de setiembre del 2020, con este chico recuerdo fechas, momentos, conversaciones, tantas cosas que aún me duele hablar sobre ello. Como saben, el 2020 se vio marcado por una pandemia, aquella que llevó a muchos países a encerrar a sus ciudadanos para evitar la propagación del virus. Las videollamadas, conexiones por internet, aplicaciones y juegos online se volvieron más populares durante este periodo, hasta la actualidad incluso, porque esto aún no acaba.

Nos conocimos gracias al juego de moda, Among us. Sé que suena gracioso, para algunos incluso podría parecer irresponsable confiar en alguien que solo conoces por medio de la voz, pero bueno, así pasaron las cosas. Yo solía jugar con mis amigos desde un par de semanas antes, eran más amigos míos que entre ellos mismos, pero sus personalidades se complementaron muy bien. Aquel día que les comento, Mario ingresó a jugar con nosotros, invitado por otra persona dentro del grupo de aquella vez. A partir de ese día, cada vez que nos veía en línea, se unía automáticamente al canal de voz (así se llama en Discord a la llamada grupal). Recuerdo que al principio se me hacía un poco pesado porque yo contaba con anticipación a las personas que jugarían en la noche y él solo ingresaba sin preguntar. No soy una persona mala onda, simplemente dejaba que se quedara para que se sienta en confianza también, además que con el pasar de los días me gustaba mucho escucharlo y hasta me reía con sus ocurrencias. Un 09 de octubre le hablé por primera vez al chat personal de la aplicación, las únicas veces que habíamos cruzado palabra eran dentro del juego. Pero me atreví, me parecía un chico interesante por conocer y, como ya había algo de confianza, no me pareció mala idea.

Bueno, en realidad solo le escribí directamente para saber si iba a jugar, pero fue un avance. Otro día recuerdo que se le fue el internet y se desconectó a mitad de una partida. Ya casi cuando estaba por salir de la aplicación me escribió al chat personal y, luego de hablar de algunas cosas, me pidió mi whatsapp. Les confieso que en ese momento sentí algo bonito, no sé exactamente por qué, pero me tomó por sorpresa el que sea tan directo. En fin, le di mi número y me escribió por ahí.

No terminaré esta entrada hoy, ya son las 2:58 am y debo ir a dormir. Espero poder actualizarla pronto.

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